Las mejores barbacoas nunca empiezan cuando se encienden las brasas.
Empiezan mucho antes.
Cuando la familia o los amigos empiezan a reunirse. Cuando alguien abre la primera bebida. Cuando el aroma del carbón anuncia que ese día será especial.
Y justo entonces, casi siempre aparece la misma pregunta.
¿Qué carne ponemos primero?
Puede parecer una decisión sencilla.
Pero quienes llevamos toda una vida dedicados al ibérico sabemos que una gran barbacoa puede empezar con esa pregunta... o terminar en ella.
Porque no todas las carnes ofrecen la misma experiencia.
Hay cortes que simplemente cumplen.
Y hay otros que consiguen que, durante unos segundos, la conversación se detenga porque todos están disfrutando del primer bocado.
Hoy queremos ayudarte a descubrir cuáles son esos cortes y, sobre todo, por qué una gran carne siempre tiene una gran historia detrás.
Antes de hablar de cortes, hablemos del verdadero origen del sabor.
Muchas personas creen que la calidad de una carne depende únicamente del corte.
Nosotros pensamos que la verdadera diferencia empieza mucho antes.
Empieza en la dehesa.
En Enrique García nuestros cerdos ibéricos se crían siempre en libertad, respetando sus tiempos y creciendo en un entorno único que forma parte de la esencia del ibérico.
Pero para nosotros eso es solo el principio.
Controlamos todo el proceso de producción, desde la cría de nuestros animales hasta que cada pieza llega a tu mesa. A esta forma de trabajar la llamamos Ciclo EG.
Porque estamos convencidos de que una carne excepcional no nace por casualidad.
La calidad no se improvisa. Se construye desde el origen.
Y esa es la diferencia que después se aprecia en cada bocado.
Si este fin de semana te invitáramos a una barbacoa en casa de Enrique García...
Probablemente habría una cosa que te llamaría la atención.
No empezaríamos hablando de la carne.
Empezaríamos disfrutando de la compañía, compartiendo un aperitivo y dejando que las brasas alcanzaran el punto perfecto.
Porque las mejores barbacoas no tienen prisa.
Y cuando llegara el momento de poner la carne sobre la parrilla, elegiríamos exactamente estos tres cortes.
No porque sean los únicos.
Ni porque sean los más conocidos.
Sino porque juntos ofrecen una experiencia difícil de igualar.
Son, precisamente, los tres cortes que hemos reunido en nuestro Pack Barbacoa, pensado para que tú solo tengas que preocuparte de una cosa.
Disfrutar de quienes se sientan a tu mesa.

Secreto Ibérico. El corte que siempre desaparece primero.
Hay un motivo por el que el Secreto Ibérico es uno de los grandes protagonistas de cualquier barbacoa.
Cuando entra en contacto con las brasas ocurre algo especial.
La grasa infiltrada comienza a fundirse lentamente, el aroma invade el ambiente y, casi sin darte cuenta, todas las miradas terminan en la parrilla.
Y tiene ese equilibrio perfecto entre carne y grasa que hace que siempre haya alguien preguntando:
"¿Queda un poco más?"
Abanico Ibérico. El gran descubrimiento.
Puede que no sea el corte más conocido.
Pero quien lo prueba suele repetir.
Su equilibrio entre carne y grasa consigue una textura espectacular y un sabor profundo que las brasas potencian todavía más.
Es uno de esos cortes que sorprenden incluso a quienes creen conocer bien la carne ibérica.
Y siempre provoca la misma reacción.
"¿Qué corte es este?"
Solomillo Ibérico. La máxima expresión de la ternura.
Hay personas que buscan una carne especialmente tierna.
Si eres una de ellas, el Solomillo Ibérico nunca falla. Es delicado, jugoso y fácil de cocinar.
Y demuestra que, cuando el producto es extraordinario, la sencillez puede convertirse en el mayor de los lujos.
Ahora solo queda disfrutar.
Si este fin de semana decides preparar una barbacoa, queremos compartir contigo un consejo que escuchamos muy a menudo en casa.
Lo repite siempre Alberto García, nuestro director de Producción y una persona que lleva toda una vida dedicada al mundo del ibérico.
"La carne ibérica hay que cocinarla poco hecha. Es la mejor manera de disfrutar de toda su jugosidad y de unos sabores que difícilmente encontrarás en otra carne. Cuando respetamos el punto de cocción, cada bocado se convierte en una experiencia irrepetible."
Puede parecer un consejo sencillo, pero detrás de esas palabras hay toda una vida de experiencia.
Porque cuando una carne procede de cerdos ibéricos criados en libertad en la dehesa y forma parte de un ciclo completo controlado, merece que la tratemos con el mismo respeto con el que ha sido producida.
Quizá esa sea la verdadera diferencia. No solo el corte que eliges. Sino todo lo que hay detrás de él.